Mido un metro y setenta y tres. Cabello negro ondulado. Labios chuecos y anteojos anti-miopía 1.5. Diestro para escribir y para patear, aficionado del café y la cerveza. Vivo con cierta emoción retrasada, alguna que otra locura reprimida y una libertad subliminal permanentemente presente. Tengo la pierna izquierda chueca, y un gran pánico a las alturas, aunque de cuando en cuando me gusta desafiarlo. Tengo también un montón de problemas que esperan ser atendidos, un maratón de pendientes con una secuencia formidable que logra impresionar a ninguno y a cualquiera. Tengo un breve listado de buenos amigos y una cadena de infaltables personas. Conservo algunos libros viejos, con apuntes que, a pesar del tiempo, aun no entiendo y algunas memorias que no sé como no logro olvidarlas. La mayoría de mis recuerdos son, de alguna forma detallados. De un tiempo a acá empece a confiar un poco más en las personas, aunque a veces, hasta mi sombra me espanta. No le temo a no ser el único en tu vida, pero no me gustaría estar al tiro con gente del pasado que no existe, así como a ti tampoco. Se reconocer a la persona con más defectos que conozco, la veo a diario en el espejo y como quiera, así la quiero. Su mirada triste inspira (todavía) confianza, la barba chueca le sustrae toda posibilidad de malicia a su rostro, su nariz, perpetuamente mal acomodada, con un gesto, algunas ocasiones (y solo algunas) rebota en una sonrisa. No soy el mismo de antes, ahora corro más lento, como menos y más rápido. Ahora me driblo al armazón los fines de semana y los videojuegos han venido a menos. Hay algo que permanece, y desde hace mucho, los sigo tratando con firmeza pero simplemente me gana el sentimiento. Tal vez le llamaría ser mal perdedor, no tengo objeción con saberme uno de esos cuando pasa, pero no me gusta y no tolero esa falta. No me gusta el remplazo, no me gusta ser y un día ya no estar. No me gusta que se acabe. Cuando encuentro bien mi lugar algo me causa, no me quiero mover porque me siento ahí ya. Que intensa que se pone esta confesión. Bien, desde siempre algo me ha gustado de ti. Por eso me gusta que seas tu. Definitivo, no ha sido sencillo conocerte, más bien toda una lotería el día siguiente que me ocurres y concurres. No es queja ni reclamo, es un acuse de recibo de la realidad. Pedirte que cambiaras? nah! cambiarte algo es perderme algo de ti que no estas ofreciendo en este momento. No estoy clamando por un ajuste de algo que necesito, estoy más bien reflexionando sobre las incongruencias y contradicciones que uno se recrea con las tardes. Hay días que no quisiera más que salir a dar la vuelta, caminar y sentarme sobre el pasto, comer un helado y ver como fluye el tiempo sin meter las manos. Hay días que solo necesitas detener el mundo en un abrazo rodeado de silencio.

martes, 14 de julio de 2015
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