"Tu pelo que es como una nube..."
Mierda. ¿Y ahora que hago? ¿Cómo le hago para hacerle frente al deseo? En el presupuesto que traía no estaba contemplado un escenario de esta magnitud. Es decir, de un tiempo a la fecha, deje de voltear, siquiera de reojo, a los sueños más majestuosos no por que no los quisiera, sino para evitar la caída de los castillos construidos en el aire a causa de estar soñando. Ciertamente, lo que duele no es la caída sino golpear el piso. Pero yo que ya estaba curado de repescas, de grandes inversiones a situaciones poco favorables, entonces viene a pasar esto. Más que buscarle un "por qué" le quiero encontrar un "para qué". Y uno que justifique todo el desmadre que acá se puede desatar. A la mierda, bring it on.
Te lo juro: no me quiero ilusionar. No me quiero ilusionar pero ya me vi pintándole la cara al pasado, riéndome y festejando que se la peló y ahora... ahora, por ahora no hay nada, solo un espasmo de oportunidad fortuita. Pero ya viajé en el tiempo para encontrarme con la ropa interior hecha mantequilla a medio derretir, procurando que no sea tan evidente mi babear al verte y escucharte, con mi cara de idiota que no tengo recato en sacar a relucir cuando es tu voz la que suena, cuando se trata de ti. Este dejo de adolescencia es igual de absurdo como catártico. Es que no puedo ser de otra manera porque entonces no sería yo. No me importa si no explico, me gustas tanto que puedo quedarme a escucharte hablar a ti pa' siempre. Pero para. Aquí es donde le ruego al dios que sea, al más cercano, al que esté disponible, a la mano, que se arregle lo que se tenga y se pueda arreglar. Que lo que sea que esté descompuesto, se ajuste y siga marchando. Que al chico que llevas de la mano, se le resuelvan los crucigramas que lo están distanciando de ti. Por que es lo que conviene, lo adecuado. Es decir, es lo que debe ser ¿no?
"La fuerza que tu cuerpo tiene"
No sé de qué, ni de cómo va, pero esta cita (con café por supuesto), la voy a atender como un acto de responsabilidad, con empatía y sin expectativas. Me presento como tu cómplice abanderado por textos empolvados deseosos de ser sacudidos y coquetearle a tu lectura, no sé.
No por eso voy a encontrarte con los calzoncillos rojos que use en el año nuevo de New York. Con la enjundia de un niño que entra a la juguetería el día de su cumpleaños. Con la expectativa de nada pero con el deseo de todo. Con el recibo de pago de la póliza que asegura la reposición de todo aquello que pueda salir lesionado de esta manifestación. Vamos a desenterrar las almas, aquí vamos.
Pu