viernes, 31 de octubre de 2025

Dear World:

Vengo de nuevo al único canal que entendí funcional para expresarme. Y esta vez no vengo a justificarme o a querer dar explicaciones  para que con compasión me entiendas y te compadezcas de mi existencia maltrecha. 


Me etiquetaste de rebelde cuando elegí lo que yo quería por encima de lo que me convenía. A eso le llamo lealtad a uno mismo. No podría aceptar un trueque de lo conveniente por lo real. Una sola vez lo hice y me la pasé lamentándome las consecuencias de semejante elección todos los días. ¿Te imaginas la pesadez de entregarte todos los días a algo infertil que hace años que no quieres? Le llamé pasión artificial a despertar un dejo de emoción todas las mañanas para mantener la inercia del laburo diario. Hay una culpa fría y densa que sopesa todos los días por haber realizado semejante canje. Claro que jamás lo volvería a hacer porque jamás tendré otra oportunidad para cagarla igual. Tal vez sí la cague mucho en otras áreas que se parecen mucho pero no en las mismas idénticas.


Por lo que sigue, no te voy a solicitar indulto. Yo elijo con cuál veneno envenenarme y si el único destino seguro es la muerte, por mucho prefiero el que menos me haga triste y, si se puede, me haga más feliz. De verdad que vendrán castigos infinitos, pero ¿qué le quitas a quien no tiene nada? Del suelo no se pasa en la caída y estoy lo suficientemente roto como para saber que una tragedia más o un atentado a mi prestigio sería poco lacerante y, es más, poco me incumbe de lo que se trate. 


Lejos de pretender que me entiendas o caretearte alguna disculpa comprometedora, solo te pido que observes y guardes silencio. Si supiera lo que estoy haciendo evidentemente no lo haría, pero también hay cosas que solo pueden hacerse sintiendo por qué si las piensas no las harías. Encima de todo, hay que ser muy inteligentes para hacer cosas de locos.