Serían las 13:37 del sábado, a esa hora como que la resolana me empezaba a calar un poco más que el resto del día y la tentación de la primer cerveza del día se hacía más traviesa, más coqueta. Qué se yo. Entre la ida y vuelta al frigorífico desde mi escritorio, me tope con una caja de cartón de esas que no estorban pero tampoco ayudan, solo existen, nada más. La curiosidad mató a mi gato de paciencia y me puse a revolver lo que la caja contenía, que ciertamente era más paja que otra cosa hasta que encontré un pequeño contenedor con tapa azul. Maldita sea. Bendita seas.
Hubo cosas más valientes que hacer pero mi cobarde interno me exigia rendirme y me puse a sacar por última vez esos destellos de milagro pasado que incluian una cajita de cartón, un envoltorio de Milkyway y un bote vacío de té Lipton. Era la despedida de mi perpetuo juicio contra mi mismo. Me quedé sentado ahí en silencio, sin más nada. Solo conmigo. Por momentos sentía el intenso Requiem de Mozart sumbando la conciencia. Por momentos sentía el alivio de estar ligero. Por momentos ya no había momentos en la memoría donde estabas tú. Gracias Dr. Mierzwiak.
"Run through the fields only to be with you..."
miércoles, 1 de agosto de 2018
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