Esto acaba de suceder:
Para nadie es secreto que desde siempre he renegado de mi existencia. Justamente ayer (que me dormí mucho más temprano de lo habitual), me arrullaba pensando en lo genial que sería despertar en el Reino de los Cielos, en un meet and greet con Diosito. Me quejaba de la vida en la ciudad hasta quedarme dormido.
Hoy, al despertar (y con el mediano buen ánimo con el que lo hice), me dirigí al ejercicio diario, esta vez matutino. Al terminar, y con la permanente indecisión que me acompaña en el ADN, entré al supermercado de las tres letras (el preferido por los regios) y compré lo que encontré de lo que necesitaba. Se quedaron cosas pendientes que, con el tiempo, se volverán urgentes si no se consiguen. Salí pensando en el futuro, negociando conmigo mismo un 5K trotado para mañana, si el dolor de las piernas lo permitía y si las rodillas no se quejaban tanto...
Cuando, de pronto, la voz de una transeúnte me sugirió ayudar a levantar a un señor del piso. De entre el pavimento del estacionamiento, el señor intentaba incorporarse. Aún medio dormido y perdido en mis pensamientos, me acerqué caminando, cuando la reacción me sugirió correr. Era el esfuerzo de quien se rehusaba a darse por vencido y se empeñaba en ponerse en pie, aunque el resto de su cuerpo aún no le ayudara.
Pudo levantarse y sentarse en una banca para recuperar el aliento. Dijo que iba a pagar el agua de un rancho en Dr. González. Tenía que ir a las oficinas correspondientes, porque de otra manera no se podía. Comentó también que finalmente se concretó la caída, después de varias amenazas que había logrado gambetear, y se resignaba a comprar un bastón en el supermercado. Me apuré a conseguir el bastón y entregárselo. Le acepté el pago porque bien dijo: "Sí estaría jodido si se lo aceptaba, pero aún tengo para pagarle". Escuché que tenía 72 años antes de estrecharle la mano para retirarme y seguir.
Alguna vez escuché que, si estabas deprimido, salieras a la calle a ayudar a alguien. No tengo idea si esto es una depresión congénita, pero siguen apareciendo estos pensamientos intrusivos cada tanto, y lejos de rechazarlos, les ofrezco un café o un té cada que aparecen con su monstruosa sombra. No estoy seguro de que esto sea una lección, pero fue espontáneo. Tenía mucho tiempo sin levantarme así de temprano para ir al gimnasio. Dudé mucho antes de entrar al H-E-B, y al salir me encontré con alguien que me dobla la edad, aferrándose a levantarse y seguir. Me tocó a mí estar ahí para apoyarlo.
Quiero encontrar el fondo de todo esto. Quiero que este episodio me trascienda. Por eso, apenas llegué, me hice un té y vine al ordenador a vaciarlo. Quiero soltarlo, porque la vida sigue y mis deberes me reclaman. Pero quiero ver qué hay aquí para mí, que todavía no alcanzo a observar.
Gracias universo por una nueva oportunidad.
