Hola Ariel:
Te extrañara (¿o no?) el hecho de recibir este recado pero ambos sabiamos que era algo inevitable. Eres una especie de iman permanente para mis pasiones. Te agradezco desde lo profundo de mi corazón el estandarte que alzas cada vez que me pierdo en la ruta. Eres poco más de lo que necesito y mucho, mucho más de lo que merezco. Se qué aquí las utilidades me salen positivas y no voy pretender arreglar los números en un corte de caja impreciso.
Mira, me gusta donde estoy. No es que me falte, pero tampoco me sobra, es que es adecuado. Podría ser mejor, sin duda, pero los avances me permiten sostenerme. Estoy feliz y conciente de seguir caminando. Me duelen algunas cosas, eso podría ser evidente. Sobre todo aquello que me amputaron sin avisarme. No lo sé, no los culpo de sus limitaciones autoinflingidas y a las cuales se someten religiosamente al primer amago de adversidad.
Esto que ves, es el climax de la redención. No me sorprende que me convoquen como una ejecución defectuosa, como un evento mal realizado.
Yo venía por ti desde hace mucho, de antes. Yo venía a ser tu admirador y a ganar en la tribuna lo que se comprometía en la cancha.
Yo quería a alguien por quien volverme loco. Alguien a quien admirarle el plano intelectual, sentimental. Alguien efervecente y efectivo cuando se necesitara, pero entre el conflicto del deseo, lo borroso del presente me fui quedando colgado a una ilusión que solo yo entendía y su única existencia está en mi cabeza. Me confundí con mis ideales.
Si bien es cierto que pude haber sido directa para decirte que me alejo por mi bienestar, colateralmente sales ganando tu también: se acaparan los actos de contraste para con tu persona. Todos los actos de amor genuino derivan en aportes positivos a los involucrados.
De lejos te seguiré viendo seguramente, con intensidad y pasión distinta pero presente.
Quizás nos encontremos (ojalá pase mucho tiempo para eso) pero quisiera pedirte un trato amable para cuando eso suceda. No pretendo más que transitar el momento sin mayores aspavientos. No busco malestares compartidos ni multiplicar tragedias. Nos queda lo que fuimos.
Elena.

