viernes, 20 de mayo de 2011

Huxley Tenía Razón

Me queda un frasco de sueños mal formados y tickets de trenes que dejé pasar, al lado del buró, donde reposa mi permanente vaso de agua, y en el que en su interior se encuentran los listones de colores con con los que te adornabas el peinado las mañanas de primavera. Recuerdo bien que te colocabas dos del mismo color pero diferente tonalidad, el más opaco siempre del lado derecho. Me gustabas mucho en ese vestido color helado cremoso de vainilla con lechera, descalza y con los listones naranjas. Yo te daba una paleta y me la retribuías con un beso en el que cerrabas los ojos y alzabas los labios, yo te recibía con mi mejilla derecha, te tomaba por la cintura y salíamos a caminar tomados de la mano al parque que tenia un hormiguero escondido detrás del macetero amarillo de la esquina que albergaba siempre plantas al borde de la muerte. Cuando teníamos Sol, andaba sin saco; cuando llovía, te lo ponía a tí y nos deteníamos justo enfrente de la barda verde grafiteada para besarnos, porque ¿Para qué fue creada la lluvia? Claro! Para que los amantes se besaran bajo ella.

Volver a casa era un ritual de devoción casi mística. Caminar y abrazarte durante la primer calle; enroscar mi mano izquierda en tu derecha durante la segunda y subir corriendo hasta la esquina para adentrarnos en la casa. Llegábamos y el sillón nos aguardaba en su quietud para que me acariciaras los cabellos e imagináramos nuestras nunca posibles vacaciones en la playa o en Europa, charlábamos tanto y tan apasionadamente que el sueño nos vencía y el primero que despertaba preparaba el café para que el otro despertará con olores del paraíso. Verte dormida era motivo para soñar. Al tener en la mano, cada uno aventaba incógnitas al aire llenas de soberbia e ingratitud que no pretendían encontrar respuesta. Lo curioso es que yo aparentaba entenderlas porque tu las emanabas con tal certeza que fuera real cada comentario. Tuve miedo de seguir sonriendo contigo y entonces un fantasma del futuro vino al presente y colocó una bomba bajo el sillón donde yo te cantaba al oído mientras tu me acariciabas los cabellos y una noche mientras veiamos Doctor House y cenábamos estrellas con mantequilla explotó y te mandó a menos cuarenta años luz y a mí me dejó orbitando en mi propio eje y al detenerme quedé orientado a la dirección equivocada...












































January 13th, 2006.  Today I skipped work and took the 
train out to Montauk.