Te Eme:
Ha pasado suficiente tiempo como para tener las cosas asentadas y observar la situación con una óptica mucho menos miope y con el ISO en el nivel justo que permite ver con claridad la foto.
Primero que todo, necesito disculparme por mi abrupta forma de manejar las cosas. Al principio, cuando creí darme cuenta del asunto, me sentí desperdiciado, y con el fastidio y repudio que le tengo al concepto, me embriagué de rabia y quise tratar las cosas como si yo fuera lo único importante. Es irrefutable que mi accionar fue el de un pequeñín haciendo un berrinche. Me apena mucho haber actuado así y mucho más lastimarte. Parte de todo lo que aprendí es que no hay enemigos externos; siempre es uno mismo permitiendo y patrocinando maltratos de terceros, pero todo eso se ejecuta al amparo de la misma víctima.
De lo que pasó después solo puedo indicar que fue todo fundado desde el miedo. La sobredosis de temor me hizo cometer atropello tras atropello. La empatía fue la última en mi lista de virtudes a conseguir y la hecatombe, más que inevitable, era obligatoria. Todos terminamos arruinados hasta el colapso. Lamento tanto ese episodio de oscuridad y letargo. A pesar de ello, juro que no cambiaría nada porque eso nos hizo ser lo que ahora somos. Desde mi trinchera, veo mis asuntos con mayor paciencia y esperanza. A ti, desde lejos, te observo con misericordia y optimismo. Deseo con lo más genuino que llevo en las entrañas que todo aquello que deseas para ti te llegue, que logres ser la mujer que te imaginas y que la vida te sonría en cada oportunidad.
No tengo más que agradecimientos para contigo, por ser siempre valiente y tolerante, paciente y cautelosa, auténtica y real. Nos queda una labor en conjunto que confío en que vamos a solventar de manera sobrada. Siempre la imaginamos, pero se nos acabó el futuro unos años después de que llegó. De nuevo, gracias por el tiempo que elegiste compartir; ha sido fantástico y trascendental.
Doble Doble V






