Y me vienes a preguntar porqué me resisto a soltarte. Pues porque eres el nuevo estándar: colosal, imponente, carismático, valiente, hermoso, divino. La impotencia que me despierta este resultado de nuevamente ser yo el mediocre que no está apto para acompañarte. Lo devastador es que la mediocridad que aflora no es voluntaria a nivel consciencia. Los parámetros de mi sistema interno no están alineados con tu libertad y los actos de amor que te representan.
La frustración se funda en esto que pudimos haber sido de no ser por mi inaptitud. Más que darme roña, me quita parcialmente el aliento. Porque el reproche ya me lo reclamé lo suficiente. Ya fui mi peor juez y mi más desinteresado abogado defensor. Ya le día hasta donde más no podía doler y me entregué. No tengo comprobantes de gastos que justifiquen la conclusión mezquina de este calvario atropellado e insipido.
La catástrofe no es que me juegue en contra. La verdadera catástrofe es que no tenga interés en jugar.
