domingo, 26 de marzo de 2023

El Milagro del Pan y los Peces.

Los momentos contigo más que una zona segura y un tiempo para parar, son una especie de aliciente, algo así como una inyección que empodera el espíritu y robustece la autoconfianza.


Un sábado a tu lado empieza con unos sagrados tacos con salsa de la más salvaje. Continua con una inquietud por prender el carbón, colgar los trapos y destapar la primera cerveza. No importa lo que vaya a la parrilla, importa prepararnos para salir volando a la cancha con la bandera por la ventana y la inquietud del niño que sale a jugar cada sábado que nos toca ser locales, con el ansia hambrienta por ocupar su lugar en la tribuna y la certeza de tenerte al lado cumpliendo las promesas que nos hicimos cuando teníamos quince y aspirábamos a ser lo que hoy somos.


La vida a tu lado no ha sido precisamente más sencilla. He sido yo el que se ha armado con las bondades que me has donado: fuerza, paciencia, cuidado, diversión. He querido retribuirte con lo que tengo y con lo que sé (o creo saber) para avanzar. Porque de eso se trata todo el asunto, de ir hacia adelante. Hasta para el peor de todos hay un siguiente tiempo, un próximo desafío y es el único lugar al que podemos ir, adelante.


No se trata de la velocidad, se trata de la acción: avanzar. Como ejercicio constante, a manera de perseverancia para ir descubriendo lo que ya sabíamos pero teníamos olvidado. Gracias, muchas gracias por esta complicidad, esta mancuerna voluntaria y vicevérsica que hemos construido. Nunca está demás recordarle el afecto y el amor a los seres queridos, sobre todo me resulta necesario expresárselo al que más quiero, por que te quiero (igual).


Al pie de esta letra, dejo mi compromiso por seguir viendo la vida de frente a tu lado, continuar (des)aprendiendo y construyendo el futuro que hacemos con nuestras manos. Meternos al ruedo a pesar del miedo a dejarnos la piel contra  lo que sea que venga, porque para bravo el asunto más bravo quien lo resuelva.


Con amor, pasión, responsabilidad, libertad y gratitud.




viernes, 17 de marzo de 2023

cqdm

 Querida Patricia:

¿Cómo enumerarte las cosas que tengo para compartirte? No tenía presupuestado ejecutar este ejercicio, pero así como muchas cosas suceden aleatoriamente, algunas otras suceden adrede. Mi redacción para ti hoy tiene que ver con una simbiosis de confusión a la cual quiero darle salida.

Primero, agradecerte el valor de compartirme tu vida, tu regazo, tu aire. Yo no sé si hayas estado convencida de traerme pero también es cierto que tampoco tenías mucha opción. Sea como fuere, ya estoy aquí retumbando en la actualidad. Por el espacio para acurrucarme que ocupé mientras estuvo disponible, por lo que me diste sin garantías, profundamente agradecido.

De lo demás, podría trastabillarme con un relicario de preguntas que (probablemente) evolucionarían a reclamos según la última noción que tengo de tu conciencia, así que no voy más que a expresar algunos sentires entripados que me hacen sombra.

No puedo llamar cobarde a alguien que puso su vida en la línea por dejarme estrenar el mundo, pero si puedo entregar un acuse de recibo por la inseguridad heredada. Me dolió verte mal y te dije (con algo de impulso) la posibilidad que veía para ti. Igual dejaste el tren pasar. Cada quien tiene lo que le corresponde porque lo merece y lo merece porque lo permite. Confío en que cada lucero te salpica de esperanza los amaneceres.

De mis otros asuntos es poco lo que tengo para liquidar cuando cualquier argumento que presente va a ser insuficiente, como mi propia existencia ante tu juicio y el de tu compañero. Sin embargo, claro que logré formarme mi criterio donde mis victorias son mías y lamento decepcionarte porque jamás aprendí a elegir a mis amigos, ellos me eligieron a mí. Lo que sí aprendí (con mucha dificultad) fue a seleccionar a mi familia. Y condecorarla con el título más allá de la sangre.

Claro, la vida es un milagro casi todos los días. Algunos me dejan a oscuras para no olvidar que el sol también concede pausas y todos tenemos derecho a tener ganas de morirnos aunque eso no significa que queramos matarnos. El viaje en esta montaña rusa aún no lo quiero pausar ni detener definitivamente.

Finalmente, me gustaría soltarte aquí. No creo que vayamos a seguir hablando y quizás el contacto con los años se irá resecando más y más y eso no esta mal, tampoco bien, solo es. Que tengas un resto del viaje como a ti mejor te plazca y convenga. (No) te diré que aquí estoy para lo que necesites porque te laxan las mentiras, así que si llegamos a coincidir, que pase lo que tenga que pasar.


Camilo