viernes, 30 de julio de 2010

Alegría

La conocí en un funeral, se llamaba alegría y no lloraba a pesar de que velaban a quien era toda su familia: su madre, Felicidad.

Ni siquiera vestía de negro, ya que buscaba a su nueva aventura. Le faltaba tres dientes su calvicie era evidente, mas no por eso se dejaba sublevar.

Me conto de los globos en sus sueños, del novio que consiguió cuando hacia teatro y de la fuga de sus gatos. Nos metimos al primer bar que encontramos abierto, después de cuatro copas prometió que se quedaría conmigo para siempre, pero -naturalmente- a la mañana siguiente, desapareció.




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