sábado, 19 de febrero de 2011

Vías


Casualmente Se Encontraron Una Tarde De Mayo Que Sabía Más A Verano Que A Primavera, Como Normalmente Ocurre En El Norte Del País Al Pasar El Primer Cuarto Del Año. Ella No Creía En Fantasmas Ni En Seres Espaciales, Pero Le Gustaba El Café Con Chocolate. Él Simplemente Ya No Creía En Nada; Pero En Lo Que Ambos Coincidían Era En La Ceguedad Con La Que Se Fiaban Al Futuro, No Sabían Qué, Pero Sospechaban Que Detrás De La Sombra Que Acompaña La Palabra “Mañana” Estaba Algo Que Les Aguardaba Aún Y Cuando No Tenían Ni Una Remota Idea De Lo Que Se Trataba.

Él Era Víctima De Facebook, A Ella Un Fantasma Del Pasado No La Dejaba En Paz. La Falta De Ambición De Ambos Dejaba De Ser Algo Característico De La Vida Informal Que Llevaba Cada Uno Comparado Con El Del Resto De La Sociedad. Era Común Por Aquel Tiempo Que Se Encontraran En Internet Ofertas Que Ofrecían Almas Desesperadas Para Llenar El Infierno A Cambio De Terminar Con El Sufrimiento Terrenal. Lo Más Extraordinario De Sus Vidas Era Llamar Siempre Por Teléfono A Números Desconocidos Aleatoriamente Para Saber Si El Que Contestaba Tenía El Mismo Nombre Que En Aquel Preciso Instante Ellos Estaban Pensando. Regularmente No Sucedía.

La Tarde Que Se Encontraron Ella Venía De Despedir A Su Hermana Que Partía Hacia A Alguna Universidad En El Centro De Estados Unidos Y Él De Firmar Su Renuncia En Un Trabajo Que Nunca Le Proporcionó Una Emoción Más Positiva Que La Indiferencia. Ella Usaba Un Vestido Floreado Con Tonalidades Naranjas Y Derivados, Una Diadema Amarilla Con Una Enorme Mariposa Y Unas Sandalias Rojas. Él Unos Jeans Descosidos, Unos Zapatos Llamativos Ensuciados, Una Camisa Desfajada Y Arrugada. No Se Habían Percatado, Pero Habían Compartido El Trayecto Desde Que Abordaron El Tren. Ella Leía Una Revista Y Él Tomaba Un Cerveza Para Celebrar El  Desencadenamiento De Su Torturante Empleo.

Tuvieron Que Pasar Tres Horas, Cuarenta Minutos Y Veintinueve Estaciones Para Que Se Dieran Cuenta Uno Del Otro. Ella Siempre Quiso Vengarse Y Él Pagar Lo Que Había Hecho. Se Reconocieron Y En El Instante, Se Dieron Cuenta Que Los Ojos Del Otro No Mentían, Fue Un Tobogán Hasta Las Profundidades Del Alma De Cada Uno, Sabían Que Ya Habían Estado En Ese Lugar Antes, Pero No Lo Recordaban. Finalmente, Concluyeron Que El Encuentro Había Sido Escabroso E Impactante, Se Fascinaron Tanto Que Se Quedaron A Milímetros De Enredar Sus Dedos De Nuevo, Pero Consideraron El Sonar Del Timbre Que Avisaba La Llegada Al Puerto Final Y El Desalojo De La Unidad, Ella Se Espantó Y Se Resguardo En Sí Misma, Dando Media Vuelta Y Apresurándose A La Salida. Él En Su Estupefacción, Olvidó Reaccionar Y Fue El Último En Abandonar El Tren, Quedándose Con Una Brisa De Azúcar En Los Labios, Como A Quien Se Le Acaba De Escapar La Gloria. 





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