Lo Odio Con Un Rencor Que Se Enciende Al Medio Día, Tras Esa Cruel Y Misericordiosa Piedad del Partido de La Mañana. Odio El Tedio Que No Deja Dormir A La Una Y El Calor Que Refresca Con Un Viento Tibio Pero Seco, Hace Más Insoportable La Tarde.
Odio Esa Desidia Que Brota Con Tintes de Agobio Que Se Apellidan Sol. La Miseria de Ver Las 1800 del Séptimo Día Indicando La Proximidad de La Atenuante Condena Lunática.
Odio Esa Insípida Soberbia de Sobornarnos La Tarde Con Sexo, Fútbol, Centros Comerciales, Cafés, Mentiras, Helados, Caminatas, Reflexiones, Que Son Solo Distracciones Y Al Final Nos Dejan, Inclusive, Peor Que La Noche Del Sábado.
El Domingo (Sin Fútbol) Es Resaca. Es Tristeza. Es Sentirse A La Deriva Tras El Hundimiento del Titánico. Es Condena Pasajera. No Es Ni Un Repechaje. Trágico Como Enfermedad Viral, Aburrido Como Empate A Ceros, Triste Como Estadio Vetado de Local, Hueco Como Panal Explotado, Absurdo Como Consola Sin Control. Incompleto Como Joaquín Sin Pancho Ni Antonio. Inútil Como Máquina Sin Internet.
Es El Domingo El Que Pregunta: Y Tú, ¿Qué Haces Acá?
domingo, 4 de marzo de 2012
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