sábado, 23 de diciembre de 2023

Verde

Por principio de cuentas (y no, no es reclamo. ¿Es tan difícil entender que me encanta dar contexto como cortesía?), tuve que pedir prestada una fecha para reunirme con los míos por que las otras, las cotidianas, ya estaban ocupadas. No, no voy a pelear por algo que sé que no me pertenece ni me conviene acaparar. Estoy bien así de lejos. 

En ocasiones, el círculo pretende atosigarnos con explicaciones innecesarias, de esas que aparecen sin solicitud y con mucho ánimo de tirarlas a la mierda. Les fastida reconocer que soy un accidente, uno maravilloso por cierto. Ya no voy a poner mis ojos en sus amedrentos. Hace años que son estériles porque me vacuné contra la frustración que me arrojan desde la barrera en forma de cápsulas de condena. Tengo una colección de todas las presentaciones que me han dedicado. En ojos ajenos (normalmente superiores), mi existencia entera es un yerro y nunca he sido lo que debí ser aunque nunca supiera a qué se referian con eso. Nunca encontré en la enciclopedia de desacreditación lo que me asignaron, como una suerte Torah .


Me mantengo ocupado acomodando mi repertorio de desatinos: siempre quiero lo que no se puede o lo que no está disponible porque no existe y si existe no es en este plano, que sería lo mismo que no existir. Quizá por eso me muevo tanto, porque no hay un lugar para mí, no es aquí, ni en este tiempo, ni en este espacio. 


Hace mucho que no juego a las escondidas con el destino vestido de púrpura.







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