Sí, quizás tengas razón. Nunca supe "valorar". No sé, no quise apreciar. ¿Sabes por qué? Porque uno solo da lo que recibe. Perdóname, jamás fue intencional. Encontré todas las explicaciones de por qué estoy como estoy, y es, de verdad, lo que te he dicho siempre: cuando he lastimado a alguien, nunca ha sido con dolo; siempre fue una consecuencia de un acto de amor primero. La única vez que lo hice con intención fue aquel puntapié que le receté a Rubén a los 6 años. Jugábamos por el gusto de hacerlo en un partido de fútbol sin reglas. El llanto que soltó después de mi patada en su tibia me dejó claro que lastimar intencionalmente a los que uno quiere no tiene justificación alguna. Desde entonces, dejé de hacerlo.
Me es sencillo reconocer tus flamantes virtudes: todo el tiempo estás para dar, compartir, apoyar... Jamás te ahorras una palabra de aliento para los que te importan o una pregunta para saber cómo siguen las cosas de quienes andan cabizbajos... Quizás, en el fondo, solo tenemos diferentes modos, formas distintas, pero los fines son muy parecidos: traer bienestar a los que nos rodean y procurar su crecimiento y progreso. Eso explica por qué coincidimos.
Nunca te lo dije, porque ni yo lo tenía consciente, pero algunas cosas que hiciste me lastimaron. No te culpo ni te reclamo. Yo tampoco sabía que eso estaba ahí y me dolía. De verdad, lo siento. Lo lamento. Ni yo estaba al tanto de mis traumas y de los demonios que me respiraban en la nuca. Pero algo empecé a hacer; ya ves que no sé quedarme quieto.
Para nada creo que todo este acompañamiento haya sido cortesía de la casualidad. Me parece que, muy en el fondo, nos requeríamos para algo. Yo me la he pasado queriendo trascender por mí mismo, pero aferrándome a ser salvado, y en cada intento, una nueva muerte me hace sombra. De ti solo puedo expresar lo que percibo, y no tendría que empatarse forzosamente con la verdad que para ti hace sentido ni tiene que ver con llevarte la contraria, a pesar de que por años eso pareciera. Solo que ambos tenemos temperamento fuerte y sabemos apretar los botones que al otro le agotan la paciencia y terminan por quebrar ciertas cosas.
Por lo demás que nos ocupa, no me queda duda de que lo hemos sabido llevar. Nada ha sido perfecto ni mucho menos, pero el resultado habla por sí mismo. Seguramente se parece más a mí de lo que te hubiera gustado, pero, en términos generales, es un gran chico: cada vez más consciente, despierto, responsable, ambicioso, apasionado. Va bien y seguirá bien.
De mi parte, puedo decir que me atraganté con temas no resueltos, pero he empezado a atenderlos y a tacharlos de mi lista de pendientes. Siento que cada vez son menos y, al mismo tiempo, que el listado no tiene fin. Pero voy haciendo lo mejor que puedo con las herramientas que tengo y voy consiguiendo.
Gracias por cuidarme de mí mismo, pero los rescates sin incremento de conciencia condenan al rescatado a la mediocridad de seguir siendo lo mismo que creó el problema. Mi deseo es el de todos: ser apreciado por lo que es y valorado por lo que entrega. Cargo años con el mote de amenaza e inadecuado. Me he sentido, inconscientemente, indeseado, tratado por conveniencia, abandonado al desamparo, menospreciado y sobajado, con el permanente anhelo de que en algún momento las cosas milagrosamente cambien de sentido. Quizá te resulte cercano el asunto.
Mi camino sigue allanado para cuando necesites pasar por esta vereda en busca de apoyo. Te seguiré aventando hacia adelante tanto como lo requieras y cuando lo solicitas.
Que el sol te siga saliendo, que esta nueva atracción sea la que estabas esperando y, con lo genuino de mi sentimiento, agradezco que en esta ocasión te sonría todo lo que siempre has merecido.
"Una u otra circunstancia, la rutina, la distancia, nunca supe bien..."


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