martes, 20 de julio de 2021

Flying on the Ground

 20/07/2021

Son las 20:17 estoy varado en el aeropuerto de Cleveland, hay una tormenta en Detroit y por situaciones que no me interesa investigar, me dejo sobornar por la idea de que pronto nos dejarán ponernos en ruta nuevamente al destino original. Solo pienso en lo bien que me vendría otra taza de té. Durante el día me la he pasado comiendo (sin hambre genuina) sándwiches. Lo rescatable y decoroso de la ingesta del día ha sido el latte previo al primer vuelo.

Hoy ha sido un día de significativa violencia contra el miedo. Me he puesto a hacer cosas que normalmente no hago: analizar estados de cuenta en la primera oportunidad, tomar mi propio camino (distinto), hacer mis cosas a mi manera... No sé, cosas pequeñas, apenas significativas pero que tienen relevancia sustancial, quiero decir, que abonan al concepto más por esencia que por lo portentoso que pueda ser la magnitud de la maniobra.

Me pasé la tarde leyendo a Maradona. Por momentos me cuestiono si realmente fue él quien hizo la redacción. A las pocas líneas caigo en cuenta que me resuena su voz en la cabeza y lo escucho clarito, como si me estuviera contando la historia del capítulo en turno. Como me gustaría que me rindiera más la batería del lector electrónico.

El capitán acaba de anunciar que el combustible está listo, que en 15 minutos nos movemos y en otros 20 debemos estar llegando a Detroit. Su voz me confirma… Nada, desalojamos la nave y resulta que pasaré la noche en Cleveland. No lo tenía presupuestado, como muchas otras cosas tampoco las tenía presupuestadas y no más suceden. Bueno, entre que se aparecen y que yo les doy espacio a que ocurran. Traigo la tripa revuelta de tantas reflexiones consecutivas. El efecto dominó me da para pensar que justo así no se hacen las cosas. Sacarle la vuelta a los temas importantes que necesitan resolverse de raíz solo provocará que permanezcan de manera constante hasta que se atiendan. Despistar la situación con escenarios satelitales que pasen de vez en cuando toman un “rol primordial” donde se roben las luces del acto principal traerá consecuencias si no caóticas, al menos indeseables. “No siempre lo urgente es lo importante”.

Me he quedado pensando por un largo tiempo si esta “inversión” ha valido la pena. Lo abordo desde la frustración que he descubierto que ha sido buena parte de mi vida. Hace exactamente media vida me dejé sobornar la primera vez (igual que en la segunda línea del primer párrafo de este relato, aquí siento como el vicio se convierte en costumbre y empieza a normalizarse). No me quejo ni reclamo, (al menos no lo exteriorizo), tomé las decisiones que creí que eran las correctas en ese momento: 16 años. Lo que sea. Hoy 15 años después me pregunto que tan caro me ha salido todo lo que “se ha logrado”. Suelto un suspiro de esos que sin palabras lo dicen todo. O casi todo. A veces pienso que las letras chiquitas que ni se alcanzaban a leer en ese contrato era una especie de sesión de derechos al portador, de manera que me estaba condenado a vivir los sueños de otro, que de pronto se tornaron muy mediocres por cierto. De la nada siento que por eso es que teniéndolo todo siento que no tengo nada. Que el mundo material que aparentemente esta completo, no me llena. Lo identifico esto como el vacío interno que me tiene ahí no más esperando ser llenado de algo que prefiero gambetear a encarar de lleno.

Y es que a los sueños de uno mismo no se le debe de traicionar. Me parece que ahora el superhéroe no es con alguien más del exterior, la misión es interna. Lo que necesita rescatarse no está afuera, está dentro de uno mismo, de mi mismo. Veremos que más depara la travesía. Trataré de dormir lo que resta de la noche. Buenos días Cleveland. 



"Voy a intentar dormir
Y soñar algo divino
Ya comí, ya fumé
Ya tome el café
Sin dejar de escribir
Voy a dormir"

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